Por Diana Orozco
Durante mucho tiempo pensé que tenía que elegir qué versión de mí era la correcta. La que estudió odontología, hizo un doctorado y necesita entender cómo funcionan las cosas… o la que habla de ángeles, confía en la intuición y todavía se emociona cuando aparece una señal justo cuando la necesitaba.

Porque, seamos honestos… no siempre es fácil explicar que puedes amar estudiar, investigar, cuestionar, buscar respuestas y, cinco minutos después, sacar un oráculo como si nada y hacerle preguntas a la Divinidad.
A lo largo de varios años sentí que esas partes de mí no combinaban. Como si para ser una, tuviera que apagar un poquito a la otra. Hasta que entendí algo que me dio muchísima paz: no tengo que escoger… Soy la que estudia y la que cree. La que cuestiona y la que confía. La que necesita entender… y también la que a veces solo sabe que algo se siente correcto.

Y con el tiempo también entendí que no todo lo que parece contradictorio está peleado. A veces simplemente somos más amplias que la etiqueta en la que intentamos meternos.
Creo que ahí empecé a conocerme de verdad: cuando dejé de intentar caber en una sola cajita y empecé a darme permiso de ser todas esas versiones de mí.
Hoy ya no quiero escoger entre la razón y la intuición, hoy me doy permiso de elegir sin culpa y me quedo con las dos.
¿Y tú? ¿Hay alguna parte de ti que durante mucho tiempo sentiste que “no combinaba” con las demás?
¡Cuéntame, me encantará leerte!


