Por Uva Martínez
Hay historias que no se cuentan de principio a fin, sino que se van descubriendo mientras las vivimos. La mía es la historia de una niña que creció entre juegos, amor y libertad; de una mujer que durante mucho tiempo no supo reconocer su propio potencial; de una madre que aprendió que cuidar de los demás también implica aprender a cuidarse a sí misma, y de alguien que, al llegar a los 40, tuvo que volver a conocerse.
Soy Luvia Berenice Martínez Martínez. Nací en Guadalajara, Jalisco en el año de 1981, pero mi historia y mis recuerdos de infancia echaron raíces en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Fui una niña que hablaba tanto que parecía merolico (tal vez por eso hoy disfruto tanto del podcast). Cuando platico sobre mi niñez, me gusta decir que mi hermano Julio y yo fuimos niños de la calle, porque tuvimos el privilegio de salir cada a tarde a jugar con nuestros amigos de la colonia. Crecí en un entorno que recuerdo con mucho amor y lleno de esos pequeños momentos que, con el paso del tiempo, se convierten en los recuerdos más valiosos de nuestra vida.

Uno de esos recuerdos es mi abuelo Antonio. Era un hombre sabio, de esos que dejan huella sin necesidad de grandes discursos. Me consentía todas las tardes dándome dinero para comprar dulces en la tienda de abarrotes, me enseñó a amar la tradición del día de muertos, me ayudaba con las tareas de la escuela y cuando su vista ya no le permitió leer con luz artificial, nos sentábamos a ver telenovelas. Su presencia fue una parte muy importante de mi infancia y su ausencia, años después, sería uno de los primeros grandes dolores que me tocaría enfrentar. Yo tenía apenas 14 años. En ese momento no tenía idea de que los duelos no vividos esperan pacientes su momento para salir a la luz.
En agosto de 1999 llegó el momento de abrir las alas y volar. Viaje a la Ciudad de México (Distrito Federal en ese entonces) para estudiar Diseño Gráfico. Elegí una carrera que me enseñó mucho más que a diseñar. Me permitió desarrollar mi creatividad, aprender a observar, comunicar ideas y entender que detrás de cada proyecto existe una manera distinta de contar una historia.

Ejercí mi profesión durante algunos años, pero la vida tenía otros planes para mí…
Cuando me convertí en mamá, comencé a cuestionarme cómo quería vivir mi vida profesional. Siempre había tenido muy presente el deseo de estar cerca de mi hija y participar activamente en su crianza. Por eso decidí explorar otros caminos laborales que me permitieran tener mayor flexibilidad.
Así llegué al mundo de las ventas. Primero trabajé en Afore Profuturo, después en GNP Seguros y más adelante, descubrí las redes de mercadeo. Sin darme cuenta, estaba conectando varias partes de mi historia. Hoy entiendo que ninguna de esas experiencias fue tiempo perdido, cada una me dio herramientas que ahora forman parte de la mujer y empresaria que soy.

Yo soy Uva Martínez… hija, madre, pareja, profesionista, empresaria y una mujer que se sigue descubriendo.


